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Las tres vidas de un equipo de radioaficionado | Radioaficion Ham Radio

Las tres vidas de un equipo de radioaficionado

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Las tres vidas de un equipo de radioaficionado

Dicen que los gatos tienen siete vidas. Allá ellos. Los equipos de radio, a mi parecer, tienen sólo tres, o quizás debiéramos hablar de tres fases en su única vida.

La primera vida de un equipo de radio es aquella que comienza nuevo, brillante, perfecto, en la punta de la tecnología, recién sacado por primera vez de su caja. Esta vida puede durar unos diez años, pero esa cifra es variable. Depende de la calidad del equipo, y del tipo de uso y cuidados que se le dé. Durante este período el equipo va perdiendo actualidad, de a poco, a medida que salen modelos nuevos, pero sigue siendo bien capaz. En muchos casos no falla en toda esta vida, o si llega a fallar, son fallas puntuales que se solucionan completamente cambiando un componente fallado. Inevitablemente el equipo se va desajustando, por lo que requiere retocar los ajustes una o dos veces a lo largo de esta primera vida, si uno desea que siga cumpliendo sus especificaciones. Aún si no se hace esta mantención, va a seguir funcionando, sólo que con alguna leve degradación en la precisión del dial, algún corrimiento en la respuesta de  frecuencia, etc. Equipos que están en esta primera vida  pueden ser usados por todo radioaficionado, también pueden ser usados en estaciones móviles, para emergencias, etc.


Después de esta primera vida, ya se perdió el aura de equipo nuevo. Pasa a ser un caballo de trabajo. Comienzan a aparecer problemas de equipo viejo: Potenciómetros rasposos, contactos intermitentes, enchufes gastados, degradación de algunos componentes. La mayoría de estos problemillas se pueden remediar, pero ello toma una cantidad considerable de tiempo, y un significativo costo en repuestos. Si no se hacen estas reparaciones, el equipo puede seguir funcionando de alguna manera, en muchos casos, pero con prestaciones cada vez más degradadas. Esta segunda vida de un equipo puede durar otros 10 años, pero también es altamente variable, importando mucho la calidad de los componentes que se usaron en su fabricación, y si ha sido o no expuesto a ambientes corrosivos, húmedos o calurosos. Equipos que están en esta segunda vida quedan muy bien en manos de radioaficionados que son capaces de hacer ellos mismos la mantención y las reparaciones menores, mientras que para los demás pueden ser un dolor de cabeza, demandando más gastos en mandarlos a reparar, que lo que costaría reemplazarlos.


El inicio de la tercera vida, o más bien la fase final de la vida de un equipo, queda marcado por el momento en que la degradación de los componentes, o la corrosión generalizada de los contactos, comienzan a hacer estragos. Esto ocurre a más tardar como a los 30 años de antigüedad, si el equipo ha sido usado y guardado siempre en óptimas condiciones, pero en la mayoría de los equipos ocurre antes de esa fecha. Fallan muchas cosas distintas, hay intermitencias surtidas, y el equipo dura poco tiempo entre una reparación y la siguiente. Estos equipos sólo sirven a radioaficionados que son capaces de hacer todas las reparaciones ellos mismos, y que disfrutan haciéndolas. Para quien dependa de técnicos pagados para hacer las reparaciones, estos equipos salen mucho más caros que comprar uno nuevo, ya que a cada rato hay que mandarlos a reparar, y las reparaciones no pueden ser baratas, debido a la gran cantidad de tiempo que se necesita gastar en reparar tantas fallas distintas que les ocurren.

Tarros viejos

En los años 80, cuando yo todavía era un vil estudiante, me dedicaba a reparar equipos de radio, con el fin de ganarme unos pesos, y aprender. En esos tiempos mis pacientes eran los TS-120, TS-130, TS-520, TS-530, FT-101, equipos muy queridos en ese tiempo, por ser buenos, económicos y sencillos. También me llegaban algunos TR-7, FT-ONE, algunos más viejos como los Swan o los Atlas, y a medida que iban saliendo, los TS-430, FT-757, etc. Por supuesto también me llegaban equipos de VHF, como los TR-7850 y muchos más.

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Después estuve casi 20 años en el norte, con 100% de dedicación a otra rama de la electrónica, y luego regresé al sur, donde en forma casi automática he recomenzado a reparar algunos equipos nuevamente. Pero me llevé una gran sorpresa: Los equipos que me piden reparar los colegas hoy en día son los mismos TS-120, TS-130, TS-520, TS-530, FT-101, TR-7 y FT-ONE que yo ya reparaba un cuarto de siglo atrás! Me he dado cuenta, con cierto espanto, que los radioaficionados chilenos, en su mayoría, no han renovado sus estaciones en muchísimo tiempo, quedándose con equipos de aproximadamente 1980 y anteriores. Pero mientras en esos años en que yo los reparaba en Concepción eran equipos de actualidad, hoy en día son tarros viejos, de tecnología obsoleta, y que han cumplido con creces su vida útil. Todos estos equipos viejos, sin excepción posible, están llenos de componentes degradados por el paso de los años, que causan un sin número de problemas, algunos marginales, otros grandes. Además la gran mayoría de estos tarros viejos han tenido que sufrir en algún momento de sus largas vidas la exposición a ambientes dañinos, tales como humo de cigarrillo, calefacción a gas o parafina con descarga de los gases de combustión al interior, humedad extrema y condensante, calor extremo (dentro de automóviles estacionados a pleno sol), grandes cantidades de polvo en suspensión causadas por hacer aseo con escoba y plumero, etc. Estas condiciones causan daño extenso y severo en los equipos, sobre todo por corrosión y abrasión de contactos, además de la degradación acelerada de componentes. Y como si todo esto fuera poco, equipos de esa antigüedad casi siempre ya han sido intervenidos varias veces, por varias personas distintas, y no siempre esas intervenciones han sido muy felices.

Entonces en muchos casos he tenido que decirles "no" a los amigos que me piden que les repare su tarrito querido, causándoles dolor, molestia o enojo a algunos. Pero ¿qué puedo hacer? Yo soy electrónico, pero no mago. Puedo reparar un equipo que tiene una falla, o dos o tres fallas también. Pero no tengo el tiempo ni la paciencia para reconstruir completamente un equipo que tiene 357 componentes degradados, y 149 contactos intermitentes, y que además está tan cochino y hediondo que se me revuelve el estómago al trabajar en ellos. Y no se rían, porque esos casos son reales y abundantes! Sin una varita mágica, que con tres pasadas por el aire, acompañadas de una frase en latín al estilo de Harry Potter deje todo perfecto, esos equipos no son reparables. Al menos no al punto de poder dejarlos buenos, con cierta seguridad de funcionar varios años más sin problemas nuevos.

Si alguien me trae un equipo razonablemente moderno, limpio, sin intervenciones previas mal hechas, con una falla puntual, es un verdadero placer repararlo. El trabajo puede tomar una hora si es algo simple, o unas pocas horas si es más complicado. Una vez reparada la falla, el equipo queda tan bueno como nuevo, cumpliendo al 100% sus especificaciones.

Muy distinto es si alguien me trae un TS-120 que presenta inestabilidad de frecuencia, pantalla intermitente, transmisión distorsionada, autooscilaciones, intermitencias en la llave selectora de bandas, potenciómetros rasposos,  respuesta de frecuencia incorrecta, poca sensibilidad, potencia baja en las bandas altas, tremenda intermodulación, etc. Ya antes de abrirlo, noto que está más golpeado que el tradicional membrillo de colegial, que le falta la mitad de los tornillos, y los que están tienen la cabeza totalmente rodada debido al uso de atornilladores incorrectos, y que está hediondo con una mezcla de olor a humo de tabaco frío y pudrición. Después de sacar las tapas, veo que adentro faltan más tornillos que por afuera, y que está todo cubierto de una gruesa capa de alquitrán de cigarillo, que actuó como pegamento para adherir firmemente 30 años de polvo, y que esta cama de polvo, gracias a la humedad excesiva, ha servido como tierra de cultivo para los hongos y bacterias que le dan el olor a podrido al equipo. Descubro también que todos los contactos, y especialmente los de la llave selectora de banda, están ennegrecidos por el sulfuro además del alquitrán, que hay corrosión severa con cristales verdes formados en todos los cientos de puntos donde están soldados los alambritos, del diámetro de un pelo, de las bobinas de FI, dejando algunos de ellos cortados, y todos los demás a punto de cortarse.

Una inspección más profunda muestra que la placa del contador de frecuencia está totalmente charqueada, pegajosa, y corroída en extremo, debido a la acción de algún necio que resoldó todo empleando pasta de soldar de gásfiter, seguramente tratando de solucionar por casualidad algún contacto intermitente que no supo encontrar. También se ve que cualquier intento de realinear el equipo está condenado al fracaso, por estar quebrados los núcleos de ferrita de la mayoría de las bobinas y transformadores, demostrando que alguien trató de ajustarlos con herramientas metálicas inadecuadas.

Después de esta revisión, me arranco a tomar aire, para recuperarme después de haber respirado durante 20 minutos esa mezcla fétida de cigarillo y pudrición. Luego tomo aliento, vuelvo, armo el equipo, y le aviso al dueño que prefiero no intentar repararlo, debido al mal estado general en que está, y que en mi opinión ese equipo ha terminado su vida útil. En ese momento vienen las reacciones: Desilusión, pena, rabia, enojo de parte de algunos, pero también comprensión en el caso de muchos colegas, afortunadamente.

Otra cosa es lo que ocurre después de que les devuelvo esos equipos a los dueños. Para horror mío, la reacción de muchos colegas, cuando les digo que no es razonable reparar su equipo, es: "Ah, que lástima. Entonces lo voy a vender." ¡Así es, señores! La acción más común en este país, de alguien a quien le dicen que su equipo ya no sirve para nada, no es botarlo, tampoco es ponerlo en un museo. Es venderlo. Total, siempre habrá algún incauto que lo compre. La inmoralidad involucrada en vender algo obviamente inservible no parece ser obstáculo, para algunos colegas. No en el caso de todos, afortunadamente: Hay algunos colegas que dejan en claro que lo venderán a muy bajo precio, a alguien que esté dispuesto a comprarlo a sabiendas del estado en que está. Pero lo más usual es que estos equipos se vendan por buenos pero con "detalles", sin decir que todo el equipo es una sola gran colección de "detalles".

Me ha ocurrido varias veces un fenómeno muy cómico: Rechazo un equipo por estar en el estado arriba descrito, y el dueño se lo vende a otro colega. Luego ese nuevo dueño vuelve a traerme el equipo para su reparación! Yo reconozco que es el mismo equipo que ya rechacé, y le explico lo que ocurrió. Enojado por haber sido estafado, ese colega.... ¿qué creen ustedes que hará?  Pues es simple: ¡Se lo vende a otro colega! Y seguramente adivinarán lo que pasa después: Ese nuevo dueño vuelve a traermelo, para su reparación...   El record , hasta ahora, lo tiene un TS-130 que me lo han traído seis veces, seis dueños distintos, en el lapso de dos años. Ya es para la risa, si no fuera por la gran cantidad de tiempo y esfuerzo derrochado por los colegas en comprarlo, traerlo, llevárselo y revenderlo.

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