Please enable / Bitte aktiviere JavaScript!
Veuillez desactiver vos / Por favor desactiva el Javascript![ ? ]
la radio de Hitler | Radioaficion Ham Radio

la radio de Hitler

Share

La radio del pueblo, la radio de Hitler

Hitler y su ministro de propaganda, Goebbels, en seguida se dieron cuenta de las posibilidades que la radio ofrecía como arma de propaganda masiva. El primer paso fue controlar su programación, pero aun así había un problema, los receptores eran demasiado caros para la mayoría de la población. La solución fue la “radio del pueblo” un aparato simple y barato, además su escasa sensibilidad impedía sintonizar emisoras extranjeras. Alemania se convirtió en el país con más radios de Europa.

“Toda Alemania escucha al Fuhrer con la Volksempfanger”


La Alemania nazi fue el primer estado totalitario en usar la radio como medio de propaganda y adoctrinamiento. En los años 30, la radio alemana estaba controlada por el estado, la Corporación de Radiodifusión del Reich, que se había constituido un año antes de que Hitler ascendiera al poder controlaba una serie de emisoras regionales semi-comerciales. La creación de la Corporación de Radiodifusión del Reich en julio 1932 supuso la prohibición de la publicidad y sustitución de la programación convencional por programas de alto contenido político de acuerdo con las directivas del gobierno.

Erich Scholz, ministro del interior, declaró que “la radio alemana sirve al pueblo alemán. Así que todo lo que degrada al pueblo alemán debe ser excluido de ella”. Alemania era todavía un país democrático, aunque la democracia tenía los días contados.

Con el monopolio de la radio bajo el control de su corporación, y la programación estrictamente censurada y de tono aún más nacionalista que el de los últimos días de la República Weimar, la radio podía convertirse en el medio más efectivo para extender la ideología nazi. El cine también era un medio válido, películas como por ejemplo la famosa “Triumph des Willens” (El triunfo de la voluntad) eran un buen medio de propaganda, pero costaba meses producirlas, mientras que la radio permitía una propaganda instantánea de la que además era a veces casi imposible escapar. Los discursos del Reich se retransmitían a través de su monopolio radiofónico, se podía considerar políticamente incorrecto y probablemente temerario apagar la radio durante esos discursos. Así que no había escapatoria a la sesión de lavado de cerebro.

El principal problema para convertir la radio en una herramienta de propaganda masiva era que los receptores eran demasiado caros. Esto había propiciado la aparición de clubes informales y asociaciones en los que sus miembros se reunían para escuchar un mismo aparato. Desde el principio estas asociaciones se convirtieron en objetivo de los nazis que habían comenzado a infiltrar a sus partidarios en ellas, incluso antes de 1933. Pero después del 1933, los nazis siguieron fomentado estos clubs, pues eran un lugar ideal para comprobar si su mensaje llegaba a la gente. Después de las emisiones se hacían debates en los que los nazis podían identificar a los que expresaban opiniones disidentes.

Una VE301 por fuera

Sin embargo, la gente también quería escuchar la radio a solas en su casa. Para estos los nazis también idearon una solución: crear su propio aparato de radio, un receptor barato, la “radio del pueblo” la Volksempfanger. El diseño de los aparatos corrió a cargo de Otto Griessing. Los primeros receptores, los VE301 (el número 301 venía de 30 del 1, Enero, el día que Hitler llegó al poder en Alemania) fueron producidos en 1933 y se vendían por 76 marcos, más o menos la mitad de lo que costaba un aparato normal. Los VE301 eran aparatos simples con sólo dos bandas, pocos VE podían captar las emisiones de onda corta y tenían una sensibilidad bastante limitada, de manera que sólo pudieran captar las emisoras locales. Hubiera sido de poca utilidad para los nazis si los aparatos hubieran sido capaces de captar las emisoras británicas o soviéticas. En los diales, contrario a lo que era habitual en la época, sólo figuraban cadenas alemanas.

Una vez resuelto el problema de los aparatos, empezaron a re-estructurar la programación para asegurarse que los oyentes recibían información correcta política y culturalmente. Todos los discursos públicos de Hitler y del resto de líderes del partido eran emitidos. Había charlas sobre el nacional socialismo, algunas dirigidas al público en general y otras a grupos específicos, como por ejemplo las amas de casas o los obreros. Las emisiones de música extranjera se fueron reduciendo en favor de la música alemana, clásica o popular, hasta llegar a la prohibición de la música “negroide” y decadente, como el jazz, y también las obras de compositores judíos.

Pero la radio no sería sólo utilizada para ganar voluntades en el territorio alemán. Una de las demostraciones de su poder ocurrió a finales del 1934 en Saar, un pequeño territorio que después de la Primera Guerra Mundial había quedado bajo jurisdicción francesa y en el que a principios de 1935 tocaba celebrar un referéndum que permitiera a sus habitantes decidir si querían seguir como franceses, volver a ser alemanes u optar por la independencia. Aunque era bastante previsible que el resultado sería favorable para el partido, los nazis saturaron Saar y Alemania con programas, más de 1000 en 3 meses, en los que publicitaban las ventajas de volver a Alemania. La campaña fue un éxito, el resultado del plebiscito fue abrumadoramente a favor de la reincorporación a Alemania.

El éxito en Saar pareció convencer a los agitadores nazis que mediante el uso propagandístico de la radio se podía permitir conseguir cualquier objetivo político. Además este primer éxito les mostró el camino que seguirían años más tarde con Austria y Checoslovaquia, aunque en estos casos la radio no se limitó a convencer mediante el uso de propaganda positiva sino que usó una mezcla de propaganda y amenazas.

El gobierno de Hitler también mostró interés por la televisión. En 1935 anunciaron el primer servicio regular de televisión, “regular” porque emitía 3 días por semana con horario fijo. Inicialmente la mayoría de los aparatos de televisión estaban en sitios públicos, ya que no se vendían a particulares, y además costaban muy caros. Más tarde se pondrían a la venta al público general, aunque a un precio excesivamente elevado, 650 marcos. El estallido de la guerra paró la producción de estos aparatos, para entonces sólo había unos 600 hogares con televisión, aunque el servicio de emisiones regulares continuó hasta el 1944.

Una de las concentraciones del partido nazi en Núremberg

La radio, por el contrario, sí que fue todo un éxito, de hecho fue el “producto del pueblo” más exitoso. Comparado con el Volkswagen, que fue introducido un año antes de la guerra y del que se produjeron pocas unidades, entre 1933 y 1939 se fabricaron en torno a los 7 millones de aparatos de radio, un 40% de toda la producción alemana de radios. Alemania llegó a ser a finales de los 30, el país de Europa con más receptores de radio, el 70% de los hogares contaba con uno.

El precio fue siempre una barrera para el éxito de la radio, así que durante los años de su producción buscaron maneras para reducir su coste, por ejemplo, algunos modelos de la VE301 en vez de la madera original fueron montados con la carcasa de baquelita. También aparecieron nuevos modelos más baratos, como el DKE1938, introducido en 1938. El nuevo modelo era un aparato más pequeño y de sólo dos válvulas, una menos que la VE301, y su precio bajaba a sólo 35 marcos. Los nazis decidieron también subvencionar la producción de los aparatos de radio y ordenaron a los fabricantes, como Siemens o Telefunken, dar prioridad a su producción frente a los aparatos más caros.

Mientras que en circunstancias normales las radios se vendían en función de su diseño, precio y calidad de sonido, la más bien básica “radio del pueblo” era sólo un medio de propaganda. En un popular anuncio de la radio, podía verse una multitud desfilando al estilo de Núremberg en torno a una de estas radios, en el anuncio se leía el eslogan “Toda Alemania escucha al Fuhrer con la Volksempfanger”.

El diseño de la “radio del pueblo” tampoco escondía cuáles eran sus intenciones, todas las radios tenían un águila y una esvástica en la parte frontal. Los aparatos más grandes podían conectarse a altavoces para bombardear a las masas, los altavoces estaban presentes en casi todos los lugares públicos, como plazas o fábricas, y era prácticamente imposible no escuchar a Hitler los días de grandes discursos.

Al acercarse la guerra, los volúmenes de producción de la Volksempfanger se mantuvieron y su producción pasó a tener una prioridad aún mayor respecto a los receptores más potentes. Los nazis animaban a la gente a cambiar sus radios con onda corta por los mucho menos potentes Volksempfanger.

Cuando se iniciaron las hostilidades de la Segunda Guerra Mundial en 1939, el papel propagandístico pasó a ser aún más crítico, más y más tiempo dedicado a la música patriótica y al anuncio de las victorias militares. A medida que avanzaba la guerra, el contenido político llegó a ser tan abrumador, que empezó a saturar a la audiencia, que harta empezó a dejar de escucharla. Goebbels, entonces, ordenó que al menos el 70% del tiempo de emisión fuera dedicado a música ligera.

El comienzo de la guerra también trajo la prohibición de escuchar emisoras del enemigo, que pasó a ser considerado un delito. A partir de entonces todas las radios vendidas llevaban una advertencia: “Piense en esto: escuchar emisiones extranjeras es un crimen contra la seguridad nacional y contra nuestro pueblo. Es una orden del Fuhrer castigada con prisión y trabajos forzados”. Las cosas empeorarían cuando la Gestapo recibió órdenes de ejecutar a cualquiera que fuera descubierto escuchando emisiones enemigas.

Sello conmemorativo del referéndum de Saar

Las órdenes eran claras y los únicos autorizados para escuchar las radios extranjeras eran las SS y la Abwehr (inteligencia militar) por motivos militares y los miembros del Partido Nazi con permisos especiales para escuchar y renegar de la propaganda aliada. En la Polonia ocupada, la situación fue aún peor, escuchar cualquier radio fue prohibido para todos los ciudadanos no alemanes, más tarde esta prohibición se extendió a todos los países ocupados, acompañada de una incautación masiva de receptores.

Pese a los esfuerzos, algunos alemanes se arriesgaban y escuchaban la radio extranjera, especialmente aquellos que tenían radios más potentes de antes de la guerra. A medida que la guerra avanzaba, la radio nazi estaba cada vez más censurada y no daba ninguna noticia que pudiera dar la más mínima pista de que la guerra se estaba perdiendo, incluso en 1944 cuando los ataques aéreos aliados arrasaban Alemania. Pero incluso las más humildes Kleine Volksempfanger tenían más capacidad de amplificación de la que los nazis hubieran deseado. Todas ellas podían captar las emisiones de onda larga y muchos alemanes mejoraban su capacidad de recepción con antenas extras. Con lo cual podían escuchar las emisiones en inglés de la BBC o en ruso de Radio Moscú, especialmente cuando durante la guerra aumentaron la potencia con la que emitían. Más tarde los aliados también solucionaron el problema del idioma, con emisiones propagandísticas en alemán.

Sin embargo, ya sea por lealtad al régimen o miedo a ser descubierto muchos alemanes evitaron escuchar radios extranjeras. Siempre existía el riesgo que alguien informara a la Gestapo si se comentaba en público alguna noticia que se desviara de la línea oficial. Incluso en abril de 1945, cuando los aliados rodeaban Berlín y Hitler se escondía en su bunker, Radio Berlín, emitiendo desde las ruinas de la ciudad, informaba que Alemania estaba a punto de ganar la histórica batalla contra los Aliados, y el mismo Goebbels decía a la audiencia en tono desafiante que el curso de la guerra estaba girando a favor de Alemania el día del cumpleaños del Fuhrer, el 20 de Abril.

Una VE301 por dentro

Incluso en los meses finales de la guerra, aún había alemanes que desconocían que Alemania la estaba perdiendo, algunos se enteraban cuando veían como los soldados aliados entraban en sus pueblos y ciudades. No fue hasta que Radio Berlín anunció la muerte de Hitler que los alemanes más fanatizados se convencieron definitivamente de la derrota. La Volksempfanger, en combinación con el resto de propaganda, había ayudado a mantener la visión cerrada y manipulada de la realidad

Al igual que el régimen nazi, la producción de la Volksempfanger murió con Hitler. Aunque en la Alemania arrasada de post-guerra hubo quien supo sacar partido de los montones de radios que los nazis habían fabricado. Ese fue el caso de Max Grundig, un ingeniero eléctrico sin dinero que decidió probar suerte arreglando y vendiendo radios “del pueblo”. La fabricación de nuevos aparatos estaba paralizada y, en cualquier caso, la población hubiera sido demasiado pobre para comprarlos. Dos años más tarde con la progresiva restauración de la industria no-militar alemana, el dinero que Grundig había conseguido hacer le permitió desarrollar su propia radio y su propia marca, Grundig.

PS: Al estallar la guerra, el Reino Unido también creó su “radio del pueblo”, la utility radio, que era fabricada usando componentes estándar siguiendo un diseño estándar promovido por el gobierno y aprobado por un consorcio de. Aunque a diferencia de la radio nazi, el objetivo de su diseño no era impedir que la gente escuchara radios extranjeras (aunque obviamente el gobierno tampoco promovía que se escucharan, jamás lo prohibió), sino economizar los componentes electrónicos, que eran escasos debido a la guerra, y hacer más fácil su reparación.
hasta el final, engañando y atemorizando a millones de alemanes durante toda la guerra.

original de cabovolo.com

Related Articles