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Radioaficionados en La SEGUNDA GUERRA MUNDIAL | Radioaficion Ham Radio

Radioaficionados en La SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

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¡Ampliamos Plazas en la Marina Mercante! ¡Necesitamos Radiooperadores!"

"-Sentimos el golpe del torpedo. Teníamos todos puestos nuestros chalecos salvavidas y demás; Parece que había una poca de ansiedad..." Frases como ésta son típicas entre los amatéurs que sirvieron como hombres de radio marítimos durante la Segunda Guerra Mundial. En este caso, Waldo Boyd, K6DZY, describía así su reacción ante el ataque de un submarino japonés cerca de las costas de Australia. "-Todos habíamos pasado la noche en cubierta, durmiendo unas horas los que pudieron conciliar el sueño", añade como explicando el que a ninguno de ellos le importase demasiado la idea de ser torpedeados algún día.

Los comentarios de Waldo demuestran el interés de un tema que a más de uno le habrá pasado por la cabeza, especialmente si lleva un tiempo en la Radio y está algo interesado en el asunto de la Gran Guerra. El caso es que pocos de estos hombres creen haber visto "acciones reales". Y si les sugieres que el esquivar torpedos es algo muy heroico, lo más probable es que oigas cómo te dicen algo así:

"-¡Bah! No creas... La mayoría de las veces se hacía aburrido. Deberías hablar con (otro indicativo). A ése le torpedearon en dos de los barcos en los que estuvo..."

Y además, el término "hombres de radio" podría resultar engañoso. Gran parte de ellos no se convirtieron en radiooperadores hasta que pudieron comprender completamente lo que ello implicaba. Muchos de los operadores marítimos realizaron diversos trabajos relacionados con la radio durante el tiempo que duró el Conflicto.

Por ejemplo: Cuando la Marina del Emperador Hiro-Hito le envió sus saludos a Mr. Waldo, este estaba en ruta hacia Kangaroo Point, en Australia, para unirse al equipo de Contramedidas Electrónicas Ultrasecretas (ECM) del General Douglas MacArthur. Este equipo, en colaboración con técnicos de tierra, mar y aire de las diferentes naciones Aliadas, desarrolló el tipo de claves que convirtieron al personaje de James Bond en algo de renombre. Pero las de Waldo eran reales. En una época en que los radares estaban considerados como el Sumun de la tecnología militar, la misión de Waldo llegaba todavía más lejos: Se trataba de mantener a los submarinos aliados fuera de las pantallas de los radares enemigos. Para cumplir ésta importantísima premisa, el equipo de Mr. Waldo desarrolló un dispositivo que detectaba las transmisiones de los radares enemigos. Estas fueron las señales de 50 a 100 MHz, dando así un gran empuje a la ciencia radiofónica de aquellos días. En esencia, Mr. Waldo se construyó el antecesor de los modernos detectores radar automotrices.

Hubo otro proyecto involucrado en el campo de la localización por ecos. Se llamó y se llama "sonar" y enviaba y recibía código Morse. Así permitía a los convoys de barcos comunicar sin romper el silencio radiofónico, alertando de su presencia en las aguas a cualquier enemigo avispado.

"-Tenías que transmitir muy lentamente", comenta Mr. Waldo. "-Porque el eco hacía todo muy confuso".

La carrera de este hombre comenzó realmente muy pronto: Ya de joven, en la localidad de Des Moines, Iowa, fue juntando poco a poco dinero para montarse lentamente y poner en el aire un transceptor amateur construido en el interior de una caja de harina de avena. Luego entró a formar parte de la Marina en 1937 sirviendo como hombre de mar en el destructor de cuatro chimeneas USS Hopkins.

"-El capitán me quería como secretario particular porque podía teclear 80 palabras por minuto", recuerda Mr. Waldo "-Pero el jefazo le dijo: Este hombre puede copiar CW. No es justo que hagas de él un chupatintas. Y el capitán exclamó: ¡Oh, de acuerdo! ¡Que coja la radio...!"

Así que Mr. Waldo manipuló en la banda ancha del Hopkins, y cuando la Guerra estalló, sus aptitudes radiofónicas y su experiencia le hicieron aterrizar de cabeza en el programa ECM.

Kangaroo Point era un destino interesante, pero no solamente por razones de índole técnica: "-Además podía ver a MacArthur por allí todo el tiempo" comenta Mr. Waldo "-Y realmente sí que fumaba esas enormes pipas. Cuando me fui, él mismo me otorgó una medalla por méritos en La Batalla de Sydney. ¡Pero realmente creo que más bien fue por los méritos con todas aquellas hermosas chicas!", añade con una risa.

INVESTIGADO POR EL F.B.I.

Mr. Ken Gulley, AC6NV (ex W6PZM) también entró en el Servicio Marítimo de Radio de la mano de la Radio Amateur. Cuando era un adolescente, en el área de Los Angeles, ya le metía caña a los antiguos transceptores para las bandas de 2 y medio y 5 metros en uso por aquellos días, aunque no recuerda su indicativo de entonces (¡ejem!). Muchos de aquellos contactos los realizaba con compañeros de escuela. "Un día trabajé San Diego, y aquello fue realmente algo grande", comenta riendo.

En 1943, Ken entró en la Marina esperando convertirse en piloto. "-¡Odiaba el uniforme del Ejército!". Pero por desgracia, falló en el chequeo de visión de colores, requisito indispensable para poder colmar sus aspiraciones. Así que apeló a su antiguo conocimiento de la radio y aplicó el mismo al entrenamiento para operador de radio en aviones. Pero nada; Siguió sin tener suerte: La Marina consideró que era demasiado alto como para entrar y salir fácilmente de las pequeñas cabinas de radio. Así que se encontraba atascado: Volar era todo lo que él quería hacer.

"-Así que no había manera", dice. "-Es algo realmente malo, cuando una vez que lo has cogido, alguien viene y te dice que no lo vas a hacer, o que no vas a ir allí, o algo así". Con nada que perder, Ken se lanzó. La Marina le transfirió a la Isla Bainbridge, en Washington. Ken no tenía ni idea de lo que iba a hacer allí, "-Pero el FBI no dejaba de rondar mi casa, realizando un montón de preguntas y hablando con todos mis vecinos"

Ken se convirtió sin saberlo en un voluntario para la Escuela Criptológica de Alto Secreto de la Marina. Allí aprendió el sistema Morse japonés de 56 códigos y, tras su graduación, podría ser capaz de copiar tráfico en japonés puro ó bien encriptado. Un oficial especializado en idioma japonés o un especialista en códigos tomaría entonces su copia y la descifraría para, con un poco de suerte y mucha destreza, hacer entre todos que los Aliados pudiesen saltar sobre el Eje. Una vez en su puesto, Ken copió a menudo las transmisiones Imperiales de ocho horas. ¿Suena a coña?

"-Se hacía pesado", alega Ken". El primer destino de Ken fue en la isla de Adak, un pedazo de piedra enclavado en el desolado Pacífico Norte. De alguna manera, el trabajo en la isla Adak se parecía a una DXpedición interminable.

"-No había ni un sólo árbol en toda ella", comenta. "-Solamente tundra, matojos. Creo que podría contar con los dedos de mis manos las veces que pude ver el sol. Y vi a mucha de la gente de por allí volverse casi loca"

La Estación Interceptora de Adak empleaba los receptores Hallicrafters SX-28 configurados en un solo sistema de manera que pudiesen monitorizar de manera simultánea diferentes frecuencias. De este modo, Ken podía monitorizar los dos extremos de un contacto. El equipamiento estaba además alimentado por unas cuantas antenas rómbicas apuntando a Japón permanentemente.

Un año después, Ken surcó los mares en un nuevo destino a bordo del "barco fantasma" USS Panamint. Este destino tenía también sus intríngulis. "-Cada vez que, durante una fuerza de ataque, queríamos ir fuera a tomar un respiro, siempre había un guarda de la Marina que no nos quitaba ojo. Y es que tenían órdenes de dispararnos -a matar- si parecía que nos iban a capturar. A no ser que el enemigo lo cascase primero, su barco tenía que trazar una línea de fuego de defensa costera.

"-Estábamos todo el tiempo haciendo eses. Primero hacia la derecha, y una bomba caía de cuando en cuando en nuestra estela, y luego hacia la izquierda, y una bomba volvía a caer de vez en cuando en nuestra estela, donde habíamos estado momentos antes". El 9 de Septiembre de 1945, justo un mes después de lo de Nagasaki, los oficiales japoneses abordaron el Panamint con el objeto de firmar la rendición formal del Norte del Japón.

¡QUITADME ESE BARCO DE AHI!

-"La renta per cápita (de muertes) era más elevada en la Marina Mercante que en cualquiera de los demás servicios", hace notar Bill Nye, KC6DKE. "-Pero también ganábamos mucho más dinero que los chicos que formaban nuestra tripulación armada". Bill entró en la Marina Mercante como chico de los recados. Al contrario que Mr. Waldo y Mr. Ken, él no contaba con experiencia previa en radio.

"-Resulta que un colega y yo íbamos en un tranvía por San Francisco y cuando pasábamos justo enfrente de la Oficina de Administración de la Marina de Guerra nos fijamos en un gran cartel que ponía "¡Ampliamos Plazas en la Marina Mercante! ¡Necesitamos Radiooperadores!". Y nos dijimos: ¡Hey! Vamos allí a ver lo que se cuece..."

Ese impulso envió a Bill a la escuela de radio en la Isla de Gallups en Massachussets y después al cuarto de radio de un carguero en ruta por el Pacífico. "-¡Gracias a Dios", se dijo. "-Es que tenía un amigo que había navegado en un convoy de 23 barcos que fue desde Nueva York a Murmansk, y solamente llegaron a destino 13 barcos. Los submarinos alemanes se encargaron de hundir el resto. Los japoneses no tenían nada parecido a ese poder bajo las aguas".

Pero el Pacífico tampoco era precisamente una balsa de aceite. Incluso después del Día de la Rendición, hubo problemas en las aguas asiáticas. El barco en el que iba Bill se encontraba en el puerto de Shangai cuando los Rojos tomaron la ciudad en 1949.

"-El agente del puerto vino a bordo y dijo: ¡Quitadme este barco de aquí!

Nosotros cortamos las amarras con un machete y escapamos pitando por el río Hwang-Pu abajo. No atropellamos a nadie, pero seguro que fuimos los que más agua levantamos de todos". Esa tarde Bill envió mensajes a todas las oficinas de la compañía alrededor del mundo. "-Fue excitante. E igualito, igualito que la en la Radio Amatéur".

En los barcos de la Marina Mercante se usaban mayoritariamente los equipos Mackay y RCA. La quincalla típica a bordo solía ser un conjunto completo de onda larga y otro de HF, junto con una radio de emergencia en cada bote salvavidas. El único modo en uso era la CW, acompañada de un manipulador semiautomático Vibroplex, conocido entre la gente de radio de aquellos días por el significante apodo de "bug", o "error". ¿Qué es lo que Mr. Bill más temía? "-Que fuese algo mal en el equipo y yo no pudiese repararlo, debido a mi ultralimitada experiencia práctica. Esto me ocasionó algunas pesadillas".

JUGANDO AL "CORRE QUE TE PILLO" EN UN CAMPO DE MINAS

El grueso cheque de la paga que daban en la Marina Mercante también atrajo a Mr. Charlie Hall, KB0SXH, al servicio marítimo de radio. Charlie fue otro de esos adolescentes de antes de la guerra que se dedicaba a meter caña con un transceptor construido a pedazos. En 1943 se alistó como operador de radio a bordo del viejo Columbia, fuera de Seattle.

"-Me enseñaron el cuarto de radio, una estancia con las paredes remendadas llena hasta arriba de equipamientos de radio. Eso fue demasiado..."

Atacando el problema de manera científica, Charlie se puso manos a la obra. "-Primero encontré un receptor. Comprendí lo que era. Luego, encontré un transmisor. Y una por una, conseguí entender todas y cada una de las cosas que allí había". Necesitó hacerlo, porque en tan sólo dos años iba a navegar por los teatros de todos los conflictos navales de la Segunda Guerra Mundial.

¿Algún momento de inquietud, Charlie? "-Bueno, una vez estuvimos en el Norte de Escocia navegando a través de un campo minado. Teníamos carabinas e íbamos disparando a las minas. Pero aún nos encontrábamos allí cuando cayó la noche, así que el capitán designó a dos marineros para que se destacasen en la proa y se mantuviesen ojo avizor. La cadena del timón pasaba justo por mi shack, en la parte en la que reposaba mi litera, y podía oír cómo golpeaba el timón cada vez que el timonel hacía girar de golpe la rueda del mismo. Aquella noche, oí en varias ocasiones un ¡bum, bum, bum, bum! rapidísimo y continuado".

Aquella noche, Charlie estuvo escuchando cómo jugaba el timonel al "corre que te pillo" en el medio del campo de minas, y a causa de ello no pudo dormir demasiado bien. Pero los submarinos continuaron siendo el enemigo más intratable para los marinos mercantes. "-Los destructores estaban siempre a nuestro lado arrojando cantidades ingentes de cargas de profundidad. Eso te llamaba la atención, pero no recuerdo haberme sentido especialmente inquieto" Charlie dice pensativamente: "-Sabía que los submarinos japoneses se encontraban persiguiéndonos por el océano Indico y solíamos meterles miedo a los reclutas diciéndoles que los submarinos estaban delante de nosotros", se ríe. "¡Pero básicamente, esto era absolutamente cierto!"

Y no era precisamente una broma, admite este hombre. "-En una ocasión, un submarino hizo explotar el barco que iba delante de nosotros, en ruta hacia Nueva York. Vimos cómo se hundía rápidamente, y manos de nuestros chicos agitándose en alto..."

A veces el contar con un operador de radio a bordo ofrece algunas ventajas adicionales que no se aprecian en un primer momento. En una ocasión, mientras navegaba por los mares del Círculo Artico, el recién inventado girocompás que había a bordo se fue a hacer puñetas. Como un compás magnético no resulta fiable en esas latitudes, el asunto se convirtió en un serio problema. Los ingenieros de a bordo estuvieron todos ellos aportando sus ideas a ver qué se podía hacer para solventar el contratiempo causado por la alta tecnología.

"-Se estuvieron unas buenas horas golpeando cosas con un destornillador", recuerda Charlie, entre risas. "-Y no ocurrió nada, ni bueno ni malo. Finalmente, el capitán hizo acto de presencia y les dijo: ¿Es eso todo lo que podéis hacer, expertos? Así que tomé los complicados esquemas y vi que el causante del problema era un conmutador del acimut del motor. Conque lo arreglé como pude, puse todo como estaba en un principio y la cosa estaba funcionando de nuevo a los 15 minutos".

Y TERMINÓ LA GUERRA

Casi todos los supervivientes de la contienda están de acuerdo en que lo mejor de todo fue al final. Bill Nye recuerda con nostalgia los momentos que vivió el Día de la Victoria. "-Me encontraba a un lado, mientras ellos cargaban camiones y tanques en el barco. ¡Esa noche besé a muchas chicas!" Y Ken fue testigo de la rendición del Japón a bordo del Paramint. Recuerda que los oficiales japoneses parecían asustados y como arrugados. Después de la guerra, Mr. Waldo aprovechó los conocimientos obtenidos en la vida militar y los aplicó para el consulting civil -durante el puente aéreo de Berlín, ayudó a liberar las instalaciones de las Fuerzas Aéreas del bloqueo impuesto por los soviéticos. Charlie dejó el servicio marino para realizar una carrera en el mundo de los ferrocarriles.

Y estos viejos lobos de la radio... ¿Tendrán algo que añadir al actual debate sobre el papel de la radiotelegrafía en el servicio amatéur de nuestros días? "-¡Ya lo creo que sí!", dice Waldo Boyd.

"-Considero que es importantísimo el mantener un buen cuadro de gente que pueda copiar y recibir CW. Como aprendí en ECM, un enemigo puede perfectamente salirse de las nuevas tecnologías".

Mr. Waldo cree que el simplísimo manipulado Morse es muy difícil de sabotear. Además apunta que los prisioneros de guerra han utilizado el código morse en tuberías y muros, y los submarinistas han golpeado mensajes de un lado a otro de sus "vasijas" mientras se encontraban inutilizados en el fondo del océano".

"-Cuando cualquier otro medio de comunicación falla, siempre puedes echar mano del Morse", conincide Ken Gulley. "-Pero es incuestionable que se ha quedado anticuado. Se está convirtiendo en un arte perdido". "-Y nunca vas a oír rudezas en las comunicaciones Morse", añade Charlie Hall. "-Mientras que en fonía es casi el pan nuestro de cada día. Las señales CW son muy suaves, y a la gente que las utilizamos nos gusta así" Por su parte, Bill Nye piensa que el test de CW debe ser obligado para los amatéurs que no están interesados en los modos digitales, pero no cree que el Morse vaya a extinguirse nunca.

"-Durante mucho tiempo, la CW fue la única modalidad disponible para las comunicaciones a larga distancia", hace notar. "-Me hace llegar un sentimiento como de formar parte de la Historia".

Y está en lo cierto. Con Waldo, Ken y Charlie, y junto con muchos otros amatéurs que prestaron sus servicios durante la Segunda Guerra Mundial en las operaciones marítimas, ha escrito un memorable capítulo de la Historia que menciona.

Manuel Novoa © QTC Magazine Marzo 1998, todos los derechos reservados.

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